17/11/15

La P

 


De la F pasamos a la P. De falo (acción) se pasa a palo (poder establecido). Lo desarrollaremos.

De Fuerza se pasa a Potencia. En la física clásica, la potencia se define como la rapidez con la que se realiza un trabajo. Ya que el trabajo es el producto de la fuerza y la distancia, la potencia se puede expresar como la fuerza multiplicada por la velocidad del objeto. P = F . v , es decir, que un objeto puede ejercer una gran fuerza sin desarrollar ninguna potencia si su velocidad es cero. La Potencia es la Fuerza en movimiento, la eficacia de la Fuerza.

Las letras F y P son muy parecidas en cuanto a forma. A la F solo le falta una oclusión, un pequeño cierre, para convertirse en P. 

Visualmente, la F muestra la abertura del soplido, de la expiración/acción (esta asociación de conceptos la habíamos explicado anteriormente), y además en el sentido propio de la lectura occidental, hacia la derecha, mientras que en la P dicha abertura aparece cerrada. Hay algo de contención, de fuerza retenida, almacenada —pero no como en la Ñ, que está muy profundamente guardada y escondida, pues ésta puede explotar, PUM…, porque está hinchada, atiborrada de poder—. 

La F es fuerza activa, en tanto que la P es fuerza en estado pausado o, mejor dicho, en estado potencial (en la otra acepción de ‘potencia’, la que se opone a ‘acto’). Es la fuerza institucionalizada, podríamos decir. El falo pasa a ser el palo, el cayado, el cetro, la vara de la autoridad, la pica y la columna sobre la que se asienta el poder. En el habla corriente, la potencia contiene en su interior, en su definición, a la fuerza. 


Los fasces romanos son una P, formando un haz de veinte varas o palos (como símbolo del poder para castigar de las treinta curias de la antigua Roma), en el que se inserta el hacha, que representa la capacidad para ejecutar los castigos. 

Basta, gráficamente, con dibujar un pequeño trazo vertical entre los dos brazos extendidos de la F (cerrarlos, unirlos, completarlos) para obtener una P. Poder como capacidad, poder como posibilidad real de realización. El falo fecundador pasa a ser palo de poder. La Fuerza queda acumulada, encerrada en el óvalo superior de la P, mostrando y a la vez ocultando el Poder que contiene, su capacidad potencial de actuar enérgicamente. Sólo necesita abrir las compuertas de ese óvalo: ¡PAF!


Visualmente la P podría identificarse también como una bandera, un estandarte, un pabellón o un pendón mediante el que se da a conocer, a modo de signo o divisa, el poderío del señor (o de su territorio, o de su ejército), o de la organización que representa. Normalmente también se incluye en él el escudo donde, mediante símbolos codificados, están inscritas las hazañas de su estirpe, es decir la fuerza íntima que arma su brazo.

Observamos también que, consecuentemente, el óvalo cerrado de la P (la bandera, el pendón), tiene la forma de un escudo, un escudo de armas o blasón colocado en horizontal, en cuyo interior podrían situarse los distintos cuarteles (divisiones) y en ellos las armas y/o los símbolos de las posesiones, de los logros y del poderío de una estirpe. 

Es necesario, no obstante, evitar caer en el fácil maniqueísmo. No es de rigor, en absoluto, asociar la idea de poder únicamente con el dominio por la fuerza de unos sobre otros y con el castigo a los que rechazan dicho poder o se enfrentan a él. El poder, la potestad, la potencia también son realidades que existen en la naturaleza, componentes que tienen un importante papel en las leyes que rigen la física y conforman la realidad. Uno logra alcanzar el poder para superar determinadas dificultades en su vida, por ejemplo, cuando ha adquirido, normalmente gracias a un largo y esforzado trabajo personal, ciertas capacidades que le habilitan para ello. Pero también un león o un águila poseen el poder de vencer y doblegar a sus presas (cuando lo consiguen) y de no temer a ninguna otra especie, sencillamente porque la naturaleza así los ha conformado. De ahí que el león y el águila hayan sido y aún sean utilizados como símbolos en escudos, banderas y logotipos de los poderosos de todos los tiempos, para hacer creer que su autoridad está fundamentada en una supuesta ley natural que justifica y legaliza su superioridad y su dominio sobre los demás. Una clara hipocresía que durante muchos siglos ha acreditado el poder de reyes y tiranos: poseer el derecho y la capacidad de mando «por la gracia de Dios».

Pretenden hacernos creer que el dominio del león o del águila sobre sus presas, su necesidad de alimentarse de ellas, significa y supone un «privilegio», un «derecho de sometimiento» de dichas especies sobre las demás. Un privilegio que, haciendo una tramposa traslación a lo humano, justifica en los hombres una supremacía de índole social sobre sus congéneres. Pero las águilas y los leones también están sometidos a las rigurosas leyes de la naturaleza, donde no existe ningún tipo de privilegio y donde la lucha o la cooperación por la supervivencia es equivalente en los individuos de todas las especies, tanto animales como vegetales. En todo caso, ya se ha dicho, la traslación de estas inescrutables leyes naturales al área del comportamiento humano es una mera falacia.

La P, en consecuencia, es lo establecido, de manera diferente, por supuesto a que supone la T, de la que hablaremos en otro lugar. La P aporta un matiz de fuerza, de firmeza, de disciplina, tal y como sugiere plásticamente la contundencia del sonido al pronunciarlo, disparando al exterior con el impulso de los labios un golpe de aire, haciendo estallar entre ellos con violencia el sonido procedente de las cuerdas vocales. Además, es un sonido que se genera con la parte más exterior de la boca, con el borde más externo de los labios. Poco profundo, nada intimista, muy conectado con lo que denominamos “la realidad”. 

palo. 3. m. Madera. 8. m. Cada una de las cuatro series en que se divide la baraja de naipes. 11. m. Cada una de las variedades tradicionales del cante flamenco. 16. m. Heráld. (…) Representa la lanza del caballero y la estacada o palenque de los campamentos. ~ mayor. 1. m. Mar. El más alto del buque y que sostiene la vela principal.

La palabra perfecto  (“hecho P”) sintetiza al máximo mi hipótesis. De fectus: hecho y per: por completo.  (per-fección, confección, afecto, defecto, efecto, infecto, prefecto...)

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