19/11/15

F3 - Faz, fascinación, fascismo

Quiero ahora hablar de un tema curioso, aparentemente un tanto lateral pero que quizá pueda aportar algunas luces al tema de la efe. Comencemos con la palabra  faz. 1. f. Rostro o cara. 2. f. Superficie, vista o lado de una cosa. 3. f. anverso (de las monedas y medallas). 4. f. pl. ant. mejillas. La faz es la parte más externa de uno, desde el punto de vista de la identidad. La que exhibimos (o la que hacemos visible). La parte que da la cara. Al igual que la cara de la moneda es el anverso, la más fehaciente. Damos la cara, o la frente: afrontamos los problemas. afrontar. 1. tr. Poner cara a cara.2. tr. Hacer frente al enemigo.3. tr. Hacer cara a un peligro, problema o situación comprometida... Cf. también: fas: del latín, justo, lícito, en oposición a nefas: injusto, ilícito. fazferir. (Del lat. facĭem ferīre, herir en la cara).1. tr. ant. Echar en rostro a alguien una acusación o un cargo, hiriéndole con él como si fuese con una cosa material. fechoría. (Del ant. fechor, el que hace algo, y este del lat. factor, -ōris). 1. f. Mala acción. 2. f. travesura (acción maligna e ingeniosa).Curiosamente, de ahí podría venir fascio, fascismo, y  también fascinar (no olvidemos que el fascismo sedujo más que por otra cosa, por una atracción estética, pues disponía de un fondo moral e intelectual más bien pobre). fascinar. 1. tr. Engañar, alucinar, ofuscar. 2. tr. Atraer irresistiblemente. 3. tr. Hacer mal de ojo.
Ese impulso patrio y masculino, activo agresivo, o, mejor dicho, de una violencia que para muchos pudo llegar a ser tan seductora en momentos de miedo y de crisis, tan exteriorizable en sus formas, en sus fastos, tan espectacular en sus maneras, era el rostro común, el aspecto formal y colectivo (las facciones) que mayoritariamente la ciudadanía más desesperadamente ofuscada deseó ver al mirarse en el espejo en ciertos momentos difíciles de la Historia de Europa. Quizá porque en sus proclamas introdujeron grandes dosis de esperanza en el Nuevo Hombre y de búsqueda de una espiritualidad perdida (según sus propios criterios ideológicos) que, no lo olvidemos, al principio subyugó a muchas e importantes personalidades de todo el mundo. Un misticismo y unas ansias de regeneración pero en su aspecto más soliviantado, aspaventoso y vengativo. Y aparente. En este sentido no hay que olvidar también: facha. (Del it. faccia). 1. f. coloq. Traza, figura, aspecto. 2. f. coloq. Mamarracho, adefesio (esta segunda acepción es, sin duda, ridiculizante) fachada. 2. f. coloq. presencia (talle, figura). fachadismo.1. m. Nic. Política administrativa gubernamental que se contenta con aparentar que actúa. fachenda. Vanidad, jactancia.
Habría que acudir a los orígenes del imperio Romano, a su simbología, y en especial a la alegoría de las fasces para entender todo este proceso de significación. fasces. (Del fasces, pl. de fascis, haz).1. f. pl. Insignia de los cónsules romanos, que se componía de una segur [hacha] en un hacecillo de varas.
El fasces era un haz de 30 varas (una por cada curia de la antigua Roma) atadas de manera ritual con una cinta de cuero rojo, formando un cilindro alrededor de un hacha (…) símbolo de la autoridad de su imperium y su capacidad para castigar y ejecutar. (Wikipedia) Pero no nos engañemos. El principio de autoridad tiene siempre un mismo origen:"(…) aludiendo a la costumbre antigua de los romanos, que los lítores que hazían este oficio llevavan unas achuelas o segures atadas con unas coyundas en medio de unas varas verdes, con las quales açotaban al delinquente, atándole manos y pies con la coyunda; y si avía de executar pena de muerte le descabeçaba con la segur. Este fue siempre oficio infame. En tiempo de Cicerón, (…) estaba ordenado que estos tales viviesen en los arrabales fuera de la ciudad." (Tesoro de la lengua, Covarrubias) También es interesante constatar que el fascismo en España fue importado y desarrollado por la Falange, y que la agencia internacional de noticias de origen franquista (Francisco Franco tiene dos efes, por cierto) fue llamada, desde el principio Agencia Efe, en su honor.
Evidentemente, no tratamos en modo alguno de asociar irrevocable o univocamente el sonido efe al fascismo, pero sí señalar que esta consonante posee una faceta sonora, un específico matiz vibratorio de tal peso e importancia que alrededor de las sílabas iniciales faz o fas se han reunido, como vemos, un gran número de conceptos relacionados más o menos directamente con esta ideología y que, por lo tanto, al hablante le ha sido posible establecer de modo intuitivo y sensorial la correspondencia ideológico-sonora entre sonido y significado conceptual que analizamos aquí. Aportaremos unos ejemplos más:
facineroso. (Del lat. facinerōsus).1. adj. Delincuente habitual. U. t. c. s.2. m. Hombre malvado, de perversa condición.Y la ya citada, facción. Parece como si en este término se compendiasen todos los significados ya reseñados: facción. 1. f. Parcialidad de gente amotinada o rebelada. 2. f. Bando, pandilla, parcialidad o partido violentos o desaforados en sus procederes o sus designios. 3. f. Cada una de las partes del rostro humano. U. m. en pl.4. f. p. us. Acto del servicio militar, como una guardia, una patrulla, etc. 5. f. desus. Acción de guerra. 6. f. ant. hechura. 7. f. ant. Forma y disposición con que algo se distingue de otra cosa. (Subr. míos) 
Podría llegar a pensarse, pues, que el fascismo representó una forma de acción (una reacción, sería mejor decir, y en este sentido lo mostraríamos como una continuación de los anteriores movimientos reaccionarios), un movimiento de escape oculto tras una aparente acción de avance, una huída hacia delante, un hacer desmesurado (frente a la famosa y sabia no-acción taoísta [1]), desproporcionado, que escondía bajo su prepotente y grandiosa fachada humanista una inmensa desesperación y un oculto pánico a la crisis no solo económica, sino moral, filosófica, etc… que sacudió al mundo a lo largo de todo el segundo tercio del siglo XX, décadas antes y después del momento crucial (1946 ??) en que por sí solos los peces comenzaron a saltar de los ya muy turbios ríos para ir a parar a los transparentes acuarios, con toda la confusión que tal cosa supuso y aún supone.



[1] Cf. Tao Te King, de Lao Tse, Ed. Ricardo Aguilera, Madrid, 1973.

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