12/7/11

J 2 - Un sonido poco "elegante"


En nuestro país, además de la ya citada aligeración del sonido en diversas comunidades, tenemos que el idioma gallego la ha cambiado a una X (quizá el sonido más antiguo), que suena como una CH suave, y que en catalán y en vascuence se pronuncia como en francés.
¿Es poco elegante el sonido de la jota castellana? Bueno, en todo caso es quizás demasiado rudo, demasiado agreste. Demasiado primitivo, irracional. Es un sonido que sale del cuerpo, de las vísceras. Podemos comprobarlo exagerando su pronunciación. Veamos. Intentemos decir la palabra hijo, o mejor aún, la expresión “hijo mío” aplicándole a la jota toda la fuerza gutural que podamos. Algo así como “hijjjjjo mío”. La experiencia puede resultar emocionalmente muy intensa, ¿no es cierto? Pero no es porque, conceptualmente, la expresión contenga una alta carga emocional en sí misma. My son significa lo mismo en inglés, y mon fils en francés, y si intensificamos mucho los sonidos de la S y de la F, respectivamente, seguramente para un inglés y para un francés se incrementarán otras efusividades [1], pero no ese dramatismo, esa visceralidad tan radical de la J (tanta, que subjetivamente podemos relacionarla con la idea de ser ‘carne de mi carne’).
Por si acaso nos quedan dudas, hagamos la misma operación con la palabra ‘rojo’, que es “tan solo” un color. O con ‘ajetreo’, o con ‘jamás’, o con ‘aguijón’. O con cualquier palabra que lleve una jota.
Por cierto que ‘hijo’ es una jota pura: ningún otro sonido consonante es necesario para conformar tal concepto. Podemos imaginar la fuerza que tendría en épocas en que la hache inicial era aspirada en lugar de muda, como es ahora. “Jijo”, casi. Tremenda palabra.
 Con respecto al castellano antiguo, hay un buen lío entre las consonantes que se utilizaban para este sonido. Están involucradas en este maremágnum ni más ni menos que seis letras: I, J, X, G, Y, H.
Dice el Diccionario de Covarrubias (año 1611) al comienzo de la letra I (cuyas primeras entradas, no obstante, son ‘Jabalquinto’, ‘Jaca’, ‘jacinto’...): “La letra I vocal, tercera en orden de las demás vocales suele hazer ofizio de consonante, quando se pone antes de otra vocal, como Iuan, iarro, etc..., y a ésta llaman y larga, y haze ja, jo, ju, porque siguiéndose la e y la i, se escribe con g, y suena ge, gi, excepto yesca, yerva (...)”
Pero al final (después de la descripción de ‘juzgado’), pone una raya en el papel y empieza con la otra i: i – ia – iacer – iáñez – iantar – Iberia – Ibernia ..., hasta  izquierdo. Es decir, la I es J ante vocal, pero también puede ser Y. Pero además puede ser G (ante E, I), y pasados los siglos se convirtió en F y luego en H. Complicadísimo.
Por su parte la X parece ser que en el Siglo de Oro fue X, sonando como actualmente. Sólo que su sonido se fue convirtiendo, con el correr de los tiempos, en el de nuestra J.
La H está involucrada no como letra sino como sonido: en la mayoría de los países hispanohablantes y en muchas regiones de España el fonema G fuerte o J se pronuncian como H aspirada.
Escuchemos a Covarrubias de nuevo al comienzo del penúltimo capítulo de su diccionario (pues ya hemos visto que nuestra Y era la I). “La letra X es dicha semivocal, y tiene fuerça de dos consonantes, en cuyo lugar algunas vezes los antiguos ponían cs y gs, que los griegos dizen gisigma, capisigma; y porque bien considerado está compuesta de dos v v, una sobre otra, tocadas en las puntas, y la V, en número, vale cinco, y assí la X vale diez (...)”  Y no me resisto a poner cómo acaba la definición: “Al borracho dezimos estar hecho x, porque con la debilidad de las piernas las va atravesando una con otra.” Las entradas que siguen son del tipo de ‘xabón’, ‘Xalón’ (el río), ‘xara’... Pero en muchas de ellas te envía a la misma palabra escrita con J (¿o I?) Por ejemplo, en ‘xara’ dice: Vide supra jara”.

Es evidente que se estaban produciendo en aquella época multitud de transformaciones en el sonido de las consonantes, que en el Covarrubias se detectan claramente. Vistas así las cosas, el origen de nuestro sonido J parece provenir de una mezcolanza de reajustes muy complejos. Yo mismo recuerdo, de pequeño, haber tenido alguna confusión entre la I y la J, pues su caligrafía con mayúscula inicial era la misma. Son, por otra parte, las dos únicas letras que, en minúscula, tienen un puntito arriba. Curioso. Muy curioso ¿Y qué decir de las típicas confusiones de ortografía entre la g y la j, verdadera pesadilla para los escolares y para los extranjeros que quieren aprender nuestra lengua, y que Juan Ramón Jiménez solucionó de un plumazo? 

“Mi jota es más higiénica que la blanducha “G”, y yo me llano Juan Ramón Jiménez, y Jiménez viene de “Eximenes”, en donde la “x” se ha transformado en jota para mayor abundamiento. En fin, escribo así porque yo soy muy testarudo, porque me divierte ir contra la Academia y para que los críticos se molesten conmigo.”[2]

 Así pues, parece que la J proviene de un sonido muy suave y vocálico, como es la I. Pero, de otro lado, tiene que ver también con el sonido X (KS y GS). Y a su vez, también recoge directamente el sonido rasposo de la G. Un buen lío. Es una especie de cajón de sastre nuestra actual J.


Leo interesantes reflexiones del magnífico historiador y medievalista Taíd Rodríguez y se me hace la luz: gran parte de la razón de todo este trasiego y cambalache radica a buen seguro en la necesidad de escapar a la denuncia de adepto al Islam que hubo en las épocas "de reconquista" (aunque para él no hubo "invasión" árabe, y por lo tanto tampoco se debería hablar de "reconquista"), tiempos muy duros de persecución de todo lo morisco, donde en el habla hubo que "esconder la jota", sustituyéndola por el sonido X. Cuando hay miedo colectivo e irracional, donde el peligro
, imprevisible, puede surgir del vecino de al lado, hay que improvisar, modificar hábitos de todo tipo, asegurar la supervivencia. Sonido X, o sonido H aspirada, o X suave, como el SH inglés, pero nunca J, ese sonido áspero y gutural que recuerda al árabe. Todo otro acento sirvió para escapar de la sospecha, según se fue poniendo de moda en los diversos territorios y regiones. Y seguramente en la grafía, al escribir, también se contagiaron estos miedos.



[1] Para mí, ‘fils’ está asociado a ‘hilo’ (‘fil’ en francés). Y me transmite sensaciones de línea sucesoria, de hilo de continuidad, y más allá aún, de cordón umbilical.

[2] Texto encontrado en la Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez de Puerto Rico, titulado “Por qué escribo con j y s en vez de g y x”

4 comentarios:

  1. "en la mayoría de los países hispanohablantes y en muchas regiones de España el fonema G fuerte o J se pronuncian como H aspirada."

    Yo no creo que sea así en la mayoría de los países. En México, el sonido de la j es definitivamente más fuerte que una simple h aspirada.

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    1. Gracias por la puntualización. De todas formas, no tiene tanto que ver su sonido con la recia j castellana.

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  2. Anónimo1:20

    La j española es como un gargajo y la americana en general es mas blanda , mas no una aspiración. ¿Pero cuándo se transformó "sh" en jota actual?

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  3. Anónimo15:39

    Lo veo un poco superficial. El francés tiene sonidos muy parecidos a la jota castellana, aunque no lo pronuncien en las jotas. Las r francesas, especialmente a final de palabra, suenan como jotas españolas.

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