17/7/11

L 4 · Ejemplos


45.054 palabras con L da el DRAE. Una enormidad. Vamos, en todo caso, a comentar algunas que nos parecen especialmente significativas.

Ley – Rey. Es curiosa esta palabra. Su significado tiene connotaciones de rigor en la mayoría de sus acepciones. 1. f. Regla y norma constante e invariable de las cosas (...) 2. Precepto dictado por la suprema autoridad, en que se manda o prohíbe algo (...) 3. En el régimen constitucional, disposición (...). 4. Religión, culto a la Divinidad (...). Tanto es así que parece una contradicción con todo lo que hasta ahora hemos expuesto. Sin embargo hay otras maneras de entenderla que nos pueden indicar su verdadero carácter semántico. Son las acepciones siguientes: 5. Lealtad, fidelidad, amor. (...) 6. Calidad, peso o medida que tienen los géneros, según las leyes. 7. Cantidad de oro o plata finos en las ligas de barras (...) 8. Cantidad de metal contenida en una mena. Es muy posible que estos significados, relacionados con ‘lealtad’ y con ‘legítimo’, es decir con lo genuino y lo verdadero sean los primordiales. Así, lo importante sería conocer el origen, aunque su investigación parece harto difícil: ¿es anterior el concepto de calidad de un metal, o es anterior el de regla y norma, (ambos muy antiguos) y cuál procede de cuál? Yo, naturalmente, puesto que uno confirma mi hipótesis y a la vez la hipótesis confirma el término, mientras que el otro la niega, defiendo el primero. Por otra parte, tendemos a asociar ley con justicia, siendo que la ‘justicia’ es la virtud, o el brazo armado, en definitiva el rigor, de cualquier tipo que sea, que defiende la ‘ley’. Así, en este sentido de ley como norma de la naturaleza (ley natural), como lealtad a ella, como legitimidad, tal vez utópica como toda idea importante, sí concuerda con nuestras investigaciones. El asunto es si ahora, en nuestra civilización, podemos conectar con esas connotaciones tan nobles y sencillas, y por lo tanto ligeras y fluidas que, a mi entender, contiene la palabra.

Luz
. ¡Son tan descomunales algunas palabras! Luz es una de ellas. Uno se siente demasiado pequeño para intentar decir algo. Puesto que estamos vivos porque hay luz. Las formas existen porque hay luz. Y estoy escribiendo esto porque hay luz (¡eléctrica!). En algunas zonas se pronuncia “lú”. O sea, una L y una U, tan sencillo como eso. Y, según la cosmogonía imperante en nuestros pagos, la de las Escrituras, es lo primero que creó Jahavé. Fiat lux (Génesis 2, 3) ¡ Incluso antes de crear el Sol! ¿Nos sorprende? Sigamos. Luz es una palabra femenina. Y es un concepto envolvente, cálido y misterioso. Tiene connotaciones muy antiguas relacionadas con la sabiduría, el conocimiento, la iluminación mística, el dios Ormuz del mazdeísmo (frente al dios Ahrimán: las tinieblas). Es blanca y contiene en su seno todos los colores. Y mucho más.

Leña
. Tenemos aquí una palabra que contiene dos consonantes ya estudiadas. La eñe aporta esa energía concentrada en el seno de la madera seca que al arder (inevitablemente, porque leña es una palabra que lleva implícita una acción potencial: quemar, arder) generará luz y calor. La ele indica facilidad, invitación, como hemos visto. Al ser una palabra del género femenino, se consolida esa generosidad, ese ofrecimiento. Leño, de hecho, resulta más definido, más cosificado, cuantificable. Un leño es una pieza de leña. No pierde sus atributos de ofrecimiento de calor y  de luz, pero es ya un concepto individualizado, un objeto concreto, un elemento unitario de “la leña”, como ocurre a veces con los términos masculinos. Con la o al final, o sea, como leño, se utiliza también para, figurada y familiarmente, como dicen los diccionarios, caracterizar a alguien de pesado, obtuso mentalmente, o dormilón. El contexto y la capacidad poética de los hablantes convierte fácilmente lo condensado durante años en el interior de la madera en cerrazón y lentitud mental, aplicado a personas.

Lar
. Es otro símbolo fundamental en todas las civilizaciones. El hogar de los crucigramas, pero que tiene antiguas y profundas resonancias todavía. Otra palabra cuyos sonidos ya podemos investigar aplicando los sencillos e intuitivos criterios anteriormente propuestos. Ese entorno mágico, esa especie de cueva donde se enciende el fuego, posee esencias tanto femeninas (la L) como masculinas (la R). Hay luz y calor en ese espacio, pero también hay acción. De hecho, un extranjero podría considerar a la palabra ‘lar’ un verbo, porque tiene la misma estructura. Hay un espacio acotado, fértil, que es la campana, el horno, el hogar, el fogón, específicamente consagrado en la casa, en el sitio preeminente, y hay en él un fuego que arde, que calienta, que pone a hervir el agua, que produce alimentos. Todo ello puede percibirse en el sonido de la palabra lar. Es una palabra masculina, por cierto, pero posee esa vocal tan abierta, tan yin, tan femenina. Como el mar, el pan, y (por qué no) el bar, el dar... [1]
De nuevo ambos géneros aunados, ahora atendiendo a lo puramente morfológico de la palabra.
Según el Diccionnaire des Symboles [2], (traduzco de la entrada foyer:) “Símbolo de la vida en común, de la casa, de la unión del hombre y de la mujer, del amor, de la conjunción del fuego y su receptáculo. (...)” Increíble nuestra coincidencia.

Lago

Lío
. Es, aparentemente, lo opuesto a facilidad, a ligereza y a relajamiento.  Corominas asocia su etimología a ligar, atar. Derivados de ligar son liga (confederación, cinta), ligadura, ligazón, legajo, y también un verbo tan importante como obligar. Digamos sobre la palabra lío que, como hemos visto, presenta connotaciones de ‘unión’ y que en sí no posee evocaciones dramáticas. De hecho, en lenguaje coloquial, “tener un lío” también significa tener una aventura amorosa. Y se lía el tabaco para hacer cigarrillos. O sea, como le comunicó a Moncho Alpuente su abuelo (jugando con dos acepciones al mismo tiempo y con una popular marca de tabaco): “los Ideales se lían”. Pero es que, además, los líos se deslían: basta con seguir el hilo. Y la palabra hilo, con la que yo, desde luego, la relaciono y que más adelante veremos con más profundidad, posee ese componente de continuidad, de fluidez.
“Estar hecho un lío” es, pues, una expresión muy plástica de aturullamiento, pero suave, sin quebrantos ni sobrecogimientos. Ahora bien, no acabo de descubrir por qué esta L pura (una L sólo con dos vocales) puede ser tan liosa. Quizás por el diptongo roto en IO, con dos vocales que pueden parecer bastante opuestas.

Luna
. Es símbolo de lo femenino por excelencia. Por lo menos en el mundo latino. Porque en alemán luna (Mond) ¡es una palabra masculina! ¡Y sol (Sonne) es femenina! Miremos al cielo y digamos: “la sol se está poniendo y está saliendo el luna.” ¿No es otro modo de entender el cosmos, y por lo tanto, la vida? Lo de Babel fue algo muy serio, indudablemente. No obstante, para salir de dudas, todos los autores que trabajan con símbolos asocian la luna a lo femenino, incluyendo a Schollem, Wieger y Wilhelm, teutónicos ellos. En gallego se dice lúa, que es una L pura.

Ilación
. 1. Acción y efecto de inferir una cosa de otra. 2. Trabazón razonable y ordenada de las partes de un discurso.

Lene
. 1. adj. p. us. Suave o blando al tacto. 2. p. us. Dulce, agradable, benévolo. 3. p. us. Leve, ligero.

-lisis
. elem. compos. que significa «disolución», «descomposición»: hemóLISIS, electróLISIS.

-able, -ible
. suf. de adjetivos casi siempre verbales, que significan posibilidad pasiva, es decir, capacidad o aptitud para recibir la acción del verbo. Existe una cierta facilidad, gracias a la L interpuesta, en el modo en que las acciones, mediante este sufijo, pasan a ser características intrínsecas de las cosas o personas de las que hablamos. Incluso en conceptos tan duros como ‘corromper’, el adjetivo ‘corrompible’ se podría definir como “que se puede corromper con facilidad”. No digamos ya en ‘leer’, ‘comprender’, ‘amar’, ‘digerir’, y casi infinitos etcéteras.

-al.
suf. de adjetivos y de sustantivos. En adjetivos significa generalmente relación o pertenencia: ferroviAL, culturAL. En los sustantivos indica el lugar en que abunda: arrozAL, peñascAL.


[1] Y al contrario, lo femenino-masculino gracias a las vocales: la voz, la coz, la sor (palabra que, por cierto, siempre ha tenido para mí, y ahora sé porqué, reminiscencias hombrunas.)
[2] Jean Chevalier y Alain Gheerbrant. “Diccionnaire des Symboles” Ed. Robert Laffont/Jupiter, 1999.

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